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Gaudeix amb Antoni, Gaudir Gaudí...

1926
Era el final de la tarde y la claridad se iba agotando a medida que un hombre joven bajaba por la escalera tallada en piedra de la cripta se la Sagrada Familia; en el túnel que conducía al sótano era ya casi de noche cerrada. Las piedras y los sillares sumidos en la penumbra brillaban aquí y allá debido a la tenue luz que se colaba desde arriba. El tañido de unas campanas rompía de modo intermitente el silencio, como campanadas que vinieran de otro mundo. Al fondo del sótano una gran franja de luz que salía del taller se proyectaba en un tramo del enorme pasadizo. Las campanas redoblaban cada vez más fuerte; el hombre traspasó el umbral.
Dentro, la habitación estaba poco iluminada y atestada de moldes de yeso, pportaplanos y maquetas. Un chubesqui apagado y un camastro complementaban el mobiliario. Varios tubos colgaban de un soporte especial de madera. Un hombre bastante mayor en mangas de camisa y con el cabello blanco golpeaba los tubos con un pequeño martillo y, de vez en cuando, tomaba notas en un papel.
La interrupción del joven pareció disgustarlo.
Hablaron brevemente, luego el recién llegado se dio la vuelta y se marchó desandando el mismo camino que había recorrido a través del oscuro sótano.
Al poco, el anciano soltó el martillo y se puso una oscura y raída chaqueta. Todo allí parecía oscuro y desgastado. Llevaba unos extraños zapatos con suela de esparto bastante estropeados. Avanzó hacia uno de los portaplanos golpeando, al pasar, los tubos que campanillearon. Cogió un plano, lo enroscó y se encasquetó un ajado sombrero de ala vuelta hacia arriba. Agarró el plano enrollado, empuñando con la otra mano un bastón de paseo. Al pasar de nuevo ante los tubos colgados del soporte los hizo oscilar con ayuda del bastón, apagó la luz del taller y salió.
El anciano recorrió con paso seguro el laberinto de galerías y pasadizos y subió por la escalera. Lo acompañaban las notas emitidas por los tubos con un sonido que se repetía y perdía a lo lejos. Con el eco todavía en los oídos, salió al aire libre de la tarde.
Se alejó por la explanada de la Sagrada Familia, en dirección a la Plaza Tetuán. Caminaba absorto y cabizbajo, y con el bastón apartaba los papeles que había arrastrado la brisa. La explanada estaba prácticamente desierta. A lo lejos, sonaba el ruido del tráfico, pero en sus oídos retumbaban las notas metálicas de los tubos.
La calle estaba poco transitada. En Gran Vía esquina Bailén un tranvía avanzaba. El hombre se disponía a cruzar. En sus oídos aún repiqueteaba el sonido de las campanas tubulares. La campanilla del tranvía sonó con insistencia. Chirriaron los frenos.
El silencio que siguió fue absoluto. El hombre yacía en el suelo. Su mano inerte seguía sujetando el plano, que se escapó de la mano y se desenrolló mostrando un boceto de la Sagrada Familia terminada.



Del libro; “Gaudí, una novela” de Mario Lacruz, editorial Ficcionario. Ediciones B, S.A., 2004.
Extracción sin expresa autorización de los sucesores de Mario de la Cruz.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Hola!! muy interesante tu cuaderno. Soy una de las chicas del metro a las que hiciste una foto. Al final no la has colgado no? bueno..
sólo tenia curiosidad de pq querias hacerla..
Martín Nazareno Rueda ha dicho que…
Hola "Chica del metro"! Estoy preparando el artículo y el material fotográfico, en breve estará listo para publicarlo. Gracias por tu visita.

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